
Dicen que nos medimos por la importancia de nuestros rivales. Puede. Además son los que nos ayudan a mejorar.
Rafael Masten era el protagonista de Supergol. Venía de jugar en el equipazo de Benji Price, pero cuando sus padres se mudaron de ciudad, se descubrió intentando reorganizar al equipo de su nuevo colegio, que venía de perder 21-0 y estaba al borde de la disolución.
Lejos de desanimarse decidió que lo que hacía falta era retar al mejor equipo de la ciudad, el Número Uno, del instituto Newton. A estos no les pareció tan buena idea, jugar contra un equipo tan malo les parecía un desprestigio y una pérdida de tiempo. Pero Rafael no era fácil de convencer y Lenny Newman, el portero y capitán del Número Uno, le ofreció la siguiente oportunidad. “Me tirarás tres penalties. Si consigues marcarme uno, jugaremos contra vosotros”.
En tu.tv podrán ver el final de la historia.
El caso es que la figura de Lenny Newman, como rival, como objetivo, valió para que Rafael sacara lo mejor de sí mismo.
Mi Lenny Newman particular pudo llamarse Arturo Ortiz. Era, de lejos, el mejor portero del colegio Mayor y uno de los mejores contra los que he tenido el privilegio de jugar. Silencioso, calmado, vestido de luto riguroso, era una especie de Yashin con rizos.
Y así, mis compis del colegio me motivaron durante todo ese primer año para conseguir mejorar. Éstos dibujos se hicieron muy populares en la habitación 226.
Hoy, por algún motivo, he vuelto a pensar en ellos.




En la vida como en el deporte es bueno tener un punto de mira donde dirigir tu rumbo.
Llamalo rival o llámalo meta!
Cuanto más ambicioso, más dificil de conseguir! Pero ojo, más peligroso que fracasar es a veces triunfar.
Hay que manejar las expectativas cuando consigues tu meta para no abandonarte y caer en el abismo! Encontrar nuevos retos y metas!
Muy cierto lo de las metas. Suelo hablar siempre del caso de Michael Phelps que se propuso ganar 8 oros en las mismas olimpiadas… (http://newsimg.bbc.co.uk/media/images/44931000/jpg/_44931635_phelps_eight416..jpg)
También se puede hablar de Maradona, cuyo sueño era ser campeón del mundo de fútbol. Cumplir tu sueño cuando sólo tienes 26 años, te obliga a buscarte otro rapidito. Él no lo hizo muy bien.
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