Una serie de catastróficas desdichas es una saga de 13 novelas, que narra las desventuras de los hermanos Baudelaire tras la trágica muerte de sus padres y la pertinaz persecución a la que les somete el Conde Olaf, malvado de la historia.
En mi caso, la serie de catastróficas desdichas se ha plasmado en tres derrotas consecutivas, cada una más extraña que la anterior.
- La primera de la serie fue una derrota por 1-3, en la que, con 0-2 en el marcador, fui, por primera vez en mis dos carreras como portero, expulsado. Dos manos, la primera necesaria, la segunda algo tonta, y la mitad del partido, viéndolo desde el banquillo.
- La segunda derrota consecutiva (1-5) se desencadenó cuando, tras un comienzo extrañísimo, en el minuto 5 ya teníamos un expulsado por protestar y un penalti y un doble penalti en contra, me metieron un gol de portería a portería.
- La tercera que, de momento, cierra la serie, ha sido una derrota 1-2, en un partido que volví a ver durante media parte desde el banquillo. Desde el siglo pasado, en la última final del último campeonato de la piscina, allá en Logroño, no había tenido tal desmotivación en el transcurso de un partido, y es que, tan malo es creerse ganador, como no saber si debes o no ganar.
Así que, así estamos, con un partido para que acabe la fase regular y con posibilidades reales de entrar en los play-offs por el título. A veces, las catastróficas desdichas acaban teniendo finales felices inesperados.
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